—Y creo que tiene cierto orgullo con ello—repuso Ouvrard.

—Como ustedes, los bretones, tienen entusiasmo por sus realistas salvajes.

—¿Vive Barère?—dijo el ayudante de Tirlet.

—Sí, en Bruselas.

—¡Qué extraña existencia la de esos hombres! ¿Usted le conoce?

—Sí. Es uno de los tipos más sugestivos y más amenos que se pueden tratar. En su conversación hace desfilar todas las figuras de la historia contemporánea de Francia.

Aviraneta pensó que perdía el tiempo en su agujero y que no se iba á hablar de la intervención; pero á los postres el ayudante de Tirlet preguntó:

—¿Y al fin entramos ó no entramos en España?

—Sí—dijo Vieuzac—. Está decidido.

—Mañana, á las diez, se firma el tratado de mi tío añadió Víctor Ouvrard—. Su alteza real el príncipe generalísimo pondrá él mismo el sello en el contrato.