—¿De modo que han quedado todos los puntos resueltos?
—Todos.
—¿Y el ministro de la Guerra?
—El mariscal Víctor—dijo Ouvrard—está enfermo de gota, y grita á todas horas furioso que mi tío es un ladrón y que quiere quedarse con todo el dinero de la administración militar.—Y es posible que sea verdad.
—¡Vaya un buen sobrino!—exclamó el ayudante de Tirlet.
—Amigo de Platón, pero más amigo de la verdad—contestó Víctor Ouvrard.
—¿Amigo de quién?—preguntó la bailarina.
—De Platón... un banquero—dijo el ayudante de Tirlet, riendo.
—¿Rico?
—Muy rico.