Estaba clareando. D. Eugenio fué corriendo á la calle de los Vascos y llamó en casa de Beunza. Pronto bajó el hijo Pedro, acompañado de un joven, de Ustaritz, llamado Cadet. Sacaron entre los dos el cochecito, aparejado.
Aviraneta, Beunza y Cadet montaron en el coche y salieron inmediatamente camino de la frontera.
V.
EN EL CAMINO
Beunza, el joven, dirigía muy bien; el caballo tenía mucha sangre y el tílburi marchaba á la carrera. El día estaba hermoso; el sol brillaba en los campos.
Beunza saludaba á derecha é izquierda á las muchachas, que salían á las ventanas y reían, y las echaba besos.
—Sabe usted que ayer hubo jaleo en el teatro de Bayona—, dijo de pronto Pedro.
—No. ¿Qué pasó?—preguntó Aviraneta.
—Pues nada: una manifestación de hostilidad entre los liberales y el ejército.