—¿Realista?

—Republicano.

El gordo se echó á reir y encendió una gran pipa de ámbar que llevaba.

—¿De manera que es usted republicano?

—Sí, señor.

—Yo soy realista.

—Peor para usted.

—Sin embargo, comprendo que cada cual tiene que tener sus ideas.

—Yo no lo comprendo—le dije.