—Es posible que haya usted oído hablar de mí—añadió el gordo, amablemente.

—Creo que no.

—Yo soy el general Longa. Francisco Longa, el guerrillero.

Como yo sé que Longa es además de muy valiente muy honrado, le traté con respeto y nos hemos hecho amigos.

El joven Beunza se consideraba á sí mismo como hombre á quien preocupaba únicamente la política, pero se le veía que se le iban los ojos tras de las muchachas que pasaban.

En el cochecito cruzaron, de prisa, por Bidart, San Juan de Luz y Urruña, y al llegar á Hendaya se encontraron con que estaban allí acantonadas fuerzas de artillería, infantería y caballería francesas preparándose para atravesar la frontera.

Aviraneta, Cadet y Beunza pasaron el Bidasoa en una barca, y en Behovia D. Eugenio, se encontró con el correo enviado por Albistur, el jefe político de Guipúzcoa.

Aviraneta se sentó á la puerta de un caserío y escribió un oficio al ministro y otro al gobernador de San Sebastián.

Poco después el correo salía al galope.

Aviraneta iba á buscar un sitio donde acostarse, cuando se encontró con el Lobo.