—Siempre lo mismo. No sabemos aprovechar la gente.

—Lo estamos llevando esto muy mal—dijo amargamente el brigadier Peña—; me temo que esta guerra va á ser vergonzosa para nosotros. Vamos á morir en la ignominia. Yo pienso resistir hasta lo último.

—¿El jefe político ha resignado el mando?

—Sí. Albistur, con el jefe político de Alava y el de Vizcaya, se han reunido con sus fuerzas de nacionales en Vitoria. Los milicianos de las tres provincias van hacer la campaña á las órdenes de don Gaspar de Jáuregui, el Pastor.

—¿Y usted se podrá defender mucho tiempo?—preguntó Aviraneta.

—Sí. Resistiré.

—¿Están bien las murallas?

—Sí. Las veremos si usted quiere.

—Sí, vamos.

Salieron del baluarte de la puerta de Tierra hacia el Castillo, pasando por encima del puerto, dieron la vuelta al monte Urgull y volvieron por el lado de la Zurriola otra vez á la puerta de Tierra. Peña mostró las baterías, el hornabeque, los revellines y baluartes y expuso las probabilidades favorables y adversas que se podían tener con aquellos medios.