Por la tarde volvió Aviraneta á visitar al brigadier Peña, y éste le dijo que las tropas de Bourke se acercaban y habían tomado las lomas próximas al convento de San Bartolomé.
—Si tiene usted que marcharse, Aviraneta, puede usted darse prisa.
—Mañana me iré.
—Mañana estaremos bloqueados.
—Pero se podrá salir por mar.
—Sí, eso sí.
—Entonces no importa.
—¿A qué hora piensa usted salir?
—A la madrugada.