Se oía claramente entonado á coro el estribillo de la canción que llamaban la Pitita:

Pitita, bonita,

con el pío, pío, pon.

¡Viva Fernando

y la Religión!

—Nos querrán dar una cencerrada—pensó Aviraneta, y se levantó á tientas, salió al gabinete y, empujando violentamente las maderas, abrió la ventana.

Al mismo tiempo sonaron los estampidos de cuatro ó cinco trabucazos, y una lluvia de metralla pasó alrededor de Aviraneta. No le dió ni una bala. Aviraneta despertó á puntapiés á Diamante y á Valladares. El Arranchale había saltado inmediatamente de la cama al oír los estampidos.

Se sintió abajo un rumor de lucha y gritos agudos.

El Arranchale, Aviraneta, y después Diamante y Valladares, bajaron rápidamente por el palo del almiar desde la ventana al corralillo.

—¡Mueran los masones! ¡Mueran los judíos! ¡Mueran los negros!—gritaban desde fuera.