—Yo te desprecio, miserable. ¿Es que crees que me vas á asustar á mí? A mí con amenazas.
—Otro candidato al fuego—repuso el cura.
El Lobo no dijo nada. El Estudiante y Valladares asintieron á la confesión, y el primero se aproximó al cura, llorando.
El Capillitas se alejó de los demás con el Estudiante y dió á su fisonomía un aire de hipócrita unción.
Era el cura un tipo bajito, con unos ojos grandes negros, unos movimientos vivos y una barba muy azul del afeitado. Mientras estaba serio tenía aire de persona, pero cuando se reía se desenmascaraba y parecía una estúpida bestia.
Mientras el Capillitas confesaba, el Buche contemplaba la escena apoyado en el sable con una gran jactancia. El tal tipo tenía una cara abultada y torpe, los ojos pequeños y la expresión de orgullo.
Al terminar la confesión el Estudiante, le sustituyó Valladares. El Estudiante quedó paralizado de terror.
En esto, con una rapidez inaudita, se presentaron varios soldados constitucionales que rodearon el bosquecillo donde estaban todos.
El Buche y sus hombres montaron á caballo con rapidez y huyeron. El Zocato, el Capillitas y el Trigueros fueron á hacer lo mismo; pero Diamante, el Lobo y Aviraneta, á pesar de estar atados por las muñecas, se echaron sobre los estribos de los caballos, é interponiéndose y mordiendo, sufriendo los golpes y patadas de los realistas, no les dejaron montar.