sin gracia canonizadas.
Non son los limpios blasones
de vieja estirpe fidalga
el contar en ella obispas,
canónigas ni vicarias".
Después de largas insinuaciones malévolas, en que aparecían D. Juan y la Canóniga, concluía diciendo la vieja á su nuera en el romance del cura:
"Marchad, señora canóniga,
al cabildo ó á la tasca,
que si no os marcháis aína
yo os echaré noramala".