—¿Y para qué quiere usted que le escriba eso? Si usted lo sabe tan bien como yo—contestó cándidamente Manuel.
—Es una combina que me traigo.
—Y yo, ¿qué voy ganando en eso?
—Te puedes ganar treinta duros.
—¿Sí? ¡Vengan!
—No, cuando el negocio esté terminado.
Viendo Mingote a Manuel tan propicio, le dijo que si se las apañaba para quitar a la baronesa los papeles falsificados de su identificación y se los entregaba, añadiría a los treinta veinte duros más.
—Los papeles los tengo yo guardados—dijo Manuel—; si espera usted aquí un momento, voy y se los traigo a usted en seguida.
—Bueno, aquí espero. ¡Qué infeliz es este muchacho!—murmuró Mingote—. Se figura que le voy a dar cincuenta duros. ¡Qué primo!
Pasó una hora, luego otra; Manuel no aparecía.