—¿Y si no sale nada?
—Creo que algo saldrá.
Roberto sonrió burlonamente.
—¡Qué español es eso! Estar a lo que salga. Siempre esperando... Pero, en fin, tú no tienes la culpa. Oye. Si estos días no encuentras sitio donde dormir, quédate aquí.
—Bueno, muchas gracias. ¿Y la herencia de usted, don Roberto? ¿Cómo va?
—Marchando poco a poco. Antes de un año me ves rico.
—Me alegraré.
—Ya te dije que me figuraba que había un enredo de los curas en esta cuestión; pues, efectivamente, así es. Don Fermín Núñez de Letona, el cura, fundó diez capellanías para parientes suyos que llevaran su apellido. Sabiendo esto pregunté por estas capellanías en el Obispado; no sabían nada; pedí varias veces la partida de bautismo de don Fermín a Labraz; me dijeron que allí no aparecía tal nombre. Para aclarar este asunto he ido hace un mes a Labraz.
—¿Ha estado usted fuera de Madrid?
—Sí; he gastado mil pesetas. En la situación en que me encuentro, figúrate lo que representan mil pesetas para mí; pero no he tenido ningún inconveniente en gastarlas. He ido, como te decía a Labraz; he visto el libro de partidas en la iglesia vieja y me he encontrado con que hay un salto en el libro desde el año 1759 al 60. ¿Qué es esto?, me dije. Miré, volví a mirar, no había señal de hoja arrancada; la numeración de los folios estaba bien, pero los años no concordaban y, ¿sabes lo que pasa?, que una hoja está pegada a otra. Después fuí al Seminario de Pamplona y conseguí encontrar una lista de los alumnos que estudiaron a fines del siglo XVIII y allí está don Fermín, y pone: Núñez de Letona, Labraz (Alava). De manera que la partida de bautismo de don Fermín se encuentra en la hoja pegada.