Estas intimidades de su hogar, tratadas en broma, exasperaban a Jacob, y oyéndolas se exaltaba, y sus imprecaciones podían dejar atrás las de Camila.
—No respetas la familia, perro, terminaba diciendo.
—¡La familia!—le replicaba Jesús—. Lo primero que debe hacer uno es olvidarla. Los padres y los hermanos, y los tíos y los primos, no sirven mas que para hacerle a uno la pascua. Lo primero que un hombre debe aprender es a desobedecer a sus padres y a no creer en el Eterno.
—Calla cafer, calla. Te veas como el vapó con agua en los lados y fuego en el corasón. Te barra la escoba negra si sigues blasfemando así.
Jesús se reía y, después de oirle hablar a Jacob, añadía:
—Hace unos miles de años, este animal que ahora no es más que un tipógrafo, hubiera sido un profeta y estaría en la Biblia al lado de Matatías, de Zabulón y de toda esa morralla.
—No digas necedades—replicaba Jacob.
Después de la discusión, Jesús le decía:
—Tú ya sabes, Yaco, que nos separa un abismo de ideas; pero a pesar de esto, si quieres aceptar el convite de un cristiano, te convido a una copa.
Jacob movía la cabeza y aceptaba.