CAPÍTULO II
Los Nombres de los Sapos.—El director de «Los Debates» y sus redactores.
Sánchez Gómez el impresor, a quien también se le conocía por el mote del Plancheta, aunque trabajaba como obrero era hombre rico; tenía un humor endiablado y desigual, una jovialidad corrosiva y un fondo de buen corazón.
Era el impresor más pintoresco y multiforme de Madrid, y su negocio, el más complicado e interesante.
Este solo dato bastaba para juzgarle: con una sola prensa, movida por un motor de gas, de los antiguos, publicaba nueve periódicos, cuyos títulos nadie podría encontrar insignificantes.
Los Debates, El Porvenir, La Nación, La Tarde, El Radical, La Mañana, El Mundo, El Tiempo y La Prensa; todos estos diarios importantes nacían en el sótano de la imprenta. A cualquier hombre vulgar le parecía esto imposible; para Sánchez Gómez, aquel Proteo de la tipografía, la palabra imposible no existía en el diccionario.
Cada periódico importante de éstos tenía una columna suya; y lo demás, información, artículos literarios, anuncios, folletín, noticias, era común a todos.
Sánchez Gómez hermanaba en sus periódicos el individualismo y el colectivismo. Cada uno de sus órganos gozaba de su autonomía e independencia en absoluto y, sin embargo, cada uno de ellos se parecía al otro como dos gotas de agua. El cojo realizaba en sus publicaciones la unidad y la variedad.
El Radical, por ejemplo, furibundo republicano, dedicaba la primera columna a faltar al Gobierno y a los curas; pero sus noticias eran las mismas que las de El Mundo, diario conservador impenitente que empleaba la primera columna en defender la Iglesia, esa arca santa de nuestras tradiciones; la Monarquía, esa gloriosa institución, símbolo de nuestra Patria; el Ejercito, baluarte firmísimo de nuestra nacionalidad; la Constitución, ese compendio de nuestras libertades públicas...