Se cebó la desgracia en ella y fué cayendo y cayendo hasta llegar a aquella situación tan triste. No encontró una mano amiga, y sus únicos favorecedores fueron un carnicero y su mujer, antiguos criados de su casa a quienes había ayudado a establecerse en mejores épocas. La carnicera, que además era prestamista, solía comprar en el Rastro mantones y pañuelos de Manila, y cuando tenían algo que zurcir o arreglar se los llevaba a la hija de la hidrópica para que los compusiera.
Esto, la antigua criada se lo pagaba a la hija de sus amos con un montón de huesos, y a veces, cuando quedaba satisfecha de su trabajo le daba las sobras de su comida.
—¡Moler con la generosidad de la carnicera!—dijo el albañil, que escuchaba la narración de la vecina.
—También la gente del pueblo—repuso Jesús en broma, recordando una frase de zarzuela—tiene su corazoncito.
Los señores de la Conferencia de Paúl, después de oir tan conmovedora relación, dieron tres bonos a la hija de la hidrópica y salieron del cuarto.
—Ya es feliz esta mujer—murmuró Jesús irónicamente—; tenía que morirse mañana y se muere pasado. ¿Para qué quiere más?
El albañil murmuró:—Me parece.
El secretario, el de los papeles, recordó un caso análogo al de la hidrópica, y lo llamó curioso y extremadamente interesante.
Cuando los tres señores salían de un pasillo para desembocar en otro, una vieja les llamó y habiéndoles de usía les pidió que la acompañaran y les llevó alumbrándoles con una bujía a un caramanchón o agujero negro abierto debajo de una escalera. Sobre un montón de trapos y arropada en un mantón raído, había una chiquilla delgada, esmirriada, la cara morena y flaca, los ojos negros, huraños, y brillantes. A su lado dormía un chico de dos o tres años.
—Yo quisiera que usías—dijo la vieja—la metieran a esta chica en un asilo. Es huérfana; su madre, que con perdón, no llevaba muy buena vida, murió aquí. Ella se ha metido en este agujero y nadie la puede echar, y roba huevos, pan, todo lo que puede, unas veces en una casa, otras en otra, para dar de comer al rorro. Yo quisiera que usías consiguieran que la llevaran a un asilo.