—Ahora ¿podrá usted oirme?

—Ahora, ja... ja...—rió Fanny—; ahora tiene un amante.

—No es cierto—exclamó Esther.

—Sí lo es, viene todos los días a verte. Es uno rubio. No lo puedes negar.

—¡Ah! Estaba aquí hace un momento—dijo Oswald.

—No es mi amante, es un amigo.

—¿Pero por qué le has llamado a Oswald—gritó Fanny con rabia—. ¿Es que le quieres?

—¡Yo, no!; pero quiero enseñarle a usted que no se juega con la vida de los demás, como usted jugó con la mía. Me engañó usted; ya me he vengado.

—Te mataré—volvió a gritar Fanny, y agarró del cuello a Esther.

—¡Roberto! ¡Roberto!—clamó Esther asustada.