—¿Cuándo empecé yo en la vida? Hace tres años. ¿Y cuántos tenía entonces? Trece.

—¡Bah! Si tú hace diez años andabas ya golfeando por ahí—interrumpió Vidal.

La muchachita se volvió como una víbora, contempló a Vidal de arriba abajo y, con voz estridente, le dijo:

—Pa mí que tu eres de los que se agarran a la verja del Dos de Mayo y dan la espalda.

Celebraron todos el circunloquio, que demostraba las cualidades imaginativas de la Rabanitos, y ésta, ya calmada, sacó del bolsillo del delantal su cartilla, arrugada y sucia, y se la enseñó a todos.

En esta ocupación de descifrar lo que ponía la cartilla, les encontró la Engracia.

—Anda, tú, convida—le dijo Vidal—. ¿Tendrás dinero?

—¡Sí, dinero! Las amas cada vez piden más. Yo no sé lo que quedrán.

—Aunque sea a recuelo—repuso Vidal.

—Bueno, vamos.