—¿Vamos?
—Andando.
Salieron a la calle; Manuel pensaba que todo el mundo se fijaba en él y miraba el paquete que llevaba y no se atrevía a dejarlo en ninguna parte.
—Tráelo, no seas lila—dijo Vidal; y quitándoselo de la mano lo tiró a un solar por encima de la tapia.
Salieron los dos muchachos por la calle de la Magdalena a la plaza de Antón Martín y entraron en el café de Zaragoza.
Se sentaron. Vidal pidió dos cafés con media tostada.
—¡Qué aplomo tiene!—pensó Manuel.
Llegó el mozo con el servicio, y Manuel se arrojó sobre una de las tostadas con ansia.
—¡Rediez!—exclamó Vidal, mirándole de hito en hito—. ¡Qué facha de golfo tienes!
---¿Por qué?