—¿Qué sé yo? Porque la tienes.
—¡Qué se le va a hacer! Uno parece lo que es.
—Pero, ¿tú has trabajado? ¿Tú has aprendido oficio?
—Sí; he sido criado, panadero, trapero, cajista y ahora golfo, y no sé de todo eso lo que es peor.
—¿Y habrás pasado muchas hambres, ¿eh?
—¡Uf... la mar... y si fueran las últimas!
—Pues lo serán, hombre, lo serán si tú quieres.
—¿Cómo? ¿Poniéndome otra vez a trabajar?
—O de otra manera.
—Pues yo no sé cómo se puede vivir de otra manera, chico; o hay que trabajar, o hay que robar, o hay que ser rico, o hay que pedir limosna. De trabajar he perdido la costumbre; para robar no tengo agallas; rico no soy, conque me tendré que poner a pedir limosna. A no ser que caiga soldado un día de estos.