—¿Cuándo le veremos?
—Dentro de un momento estará aquí.
Efectivamente, poco después el Cojo entraba en el café. Vidal le indicó lo que había propuesto a su primo en breves palabras.
—¿Servirá?—preguntó Calatrava mirando atentamente a Manuel.
—Sí, es más listo de lo que parece—contestó riendo Vidal.
Manuel se irguió con un sentimiento de amor propio.
—Bueno; ya veremos. Por ahora no tiene que hacer gran cosa—repuso el Cojo.
Se pusieron inmediatamente Calatrava y Vidal a tratar de sus asuntos, y Manuel entretuvo el tiempo leyendo un periódico.
Cuando concluyeron de hablar, salió Calatrava del café, y quedaron nuevamente solos los dos primos.