—Muy bien; ¿y el dinero?
—Toma para mañana. Cincuenta duros.
—¿Son buenos?
—Enséñaselos a cualquiera.
—¿De modo que es una combina como la del Pastiri?
—Igual.
La tarde siguiente, con los cincuenta duros que le dió su primo y las indicaciones en una tarjeta, jugó y ganó veinte duros, que entregó a Vidal.
Unos días después le llamaron de un cuartel, le preguntaron el nombre en una oficina y le despacharon.
—Te han rebajado—le advirtió Vidal