—Que es primo del muerto y que supone que el autor del hecho de autos es un sujeto apodado el Bizco, ¿no es eso?
—Eso es—dijo el Garro.
—Bueno, que firme aquí... Ahora aquí... Ya está.
Se despidió el agente del Gaditano, y Manuel y Garro salieron a la calle.
—¿Ya estoy libre?—preguntó Manuel.
—No.
—¿Por qué no?
—Te han dejado libre con una condición: que ayudes a buscar al Bizco.
—Yo no soy de la policía.
—Bueno, pues escoge: o ayudas a buscar al Bizco, u otra vez vas al calabozo.