—Nada; ayudaré a buscar al Bizco.
CAPÍTULO VII
La Fea y la Salvadora.—Ortiz.—Antiguos conocidos.
Salieron los dos por la calle del Barquillo a la de Alcalá.
No me vuelven a coger, pensó Manuel; pero luego se le ocurrió que tan tupida y espesa era la trama de las leyes que resultaba muy difícil no tropezar con ella aunque se anduviese con mucho tiento.
—Y no me ha dicho usted todavía por quién me dejan libre—exclamó Manuel.
—¿Por quién te han puesto libre? Por mí—contestó Garro.
—Manuel no contestó.
—Y ahora, ¿dónde vamos?—preguntó.
—Al Campillo del Mundo Nuevo.