—Señor Mingote—exclamó don Servando—, muchísimas gracias por todo.
—¡Señor don Servando! ¡Siempre a sus órdenes!—contestó el agente de negocios y de colocaciones revirando uno de los ojos que se le desviaba y haciendo una solemne reverencia.
Manuel se sentó a la mesa, tomó la pluma, la mojó en el tintero y esperó.
—Vete poniendo un nombre de estos en cada circular—le dijo Mingote dándole una lista y un paquete de circulares. La letra del agente era defectuosa, mal hecha, de hombre que apenas sabe escribir. La circular ponía lo siguiente:
LA EUROPEA
agencia de negocios y de colocaciones
de
Bonifacio de Mingote
En ella se ofrecían a las diversas clases sociales toda clase de artículos, de representaciones y de colocaciones.
Se compraban a bajo precio medicamentos, carnes, hules, frutas, mariscos, coronas fúnebres, dentaduras postizas, sombreros de señora; se analizaban esputos y orinas; se buscaban amas de cría garantizadas; se proporcionaban apuntes de asignaturas de Derecho, de Medicina y carreras especiales; se ofrecían capitales, préstamos, hipotecas; se ponían anuncios monstruos, sensacionales, emocionantes, y todos estos servicios y otros muchísimos más se hacían por una tarifa mínima, ridícula de puro exigua.