—Está bien, no hablemos, me voy.
—Espere usted. ¿Sabe usted que las letras ascienden a ciento veinte mil duros? El veinte por ciento sería una cantidad enorme.
—Es lo que me ha ofrecido Ospitalech. Eso o nada.
—¡Qué barbaridad! No tiene usted consideración…
—Es mi última palabra. Eso o nada.
—Bueno, bueno. Está bien. ¿Sabe usted que si tiene suerte se va usted a ganar veinticuatro mil duros…?
—Y si no me pegarán un tiro.
—Exacto. ¿Acepta usted?
—Sí, señor, acepto.
—Bueno. Entonces estamos conformes.