—Entonces, adiós, y buena suerte.

Martín fué a casa de un notario de Bayona, le preguntó si los pagarés estaban en regla y, habiéndole dicho que sí, los depositó bajo recibo.

El mismo día se fué a Zaro.

—Guardadme este papel—dijo a Bautista y a su hermana—dándoles el recibo.

Yo me voy.

—¿Adónde vas?—preguntó Bautista.

Martín le explicó sus proyectos.

—Eso es un disparate—dijo Bautista—te van a matar.

—¡Ca!

—Cualquiera de la partida del Cura que te vea te denuncia.