—Mi general.

—¿Qué hay?

—Este paisano, que trae unas cartas para el general en jefe.

Martín se acercó y entregó los sobres. El general carlista se arrimó a un farol y los abrió. Era el general un hombre alto, flaco, de unos cincuenta años, de barba negra, con el brazo en cabestrillo. Llevaba una boina grande de gascón con una borla.

—¿Quién ha traído esto?—preguntó el general con voz fuerte.

—Yo—dijo Martín.

—¿Sabe usted lo que venía aquí dentro?

—No, señor.

—¿Quién le ha dado a usted estos sobres?

—El señor Levi-Alvarez de Bayona.