—¿Está tan grave?—preguntó la superiora a Martín.
—Si, creo que sí.
—¿En dónde se encuentra?
—En una casa de la carretera de Logroño—dijo Martín.
—¿Hacia Azqueta quizá?
—Sí, cerca de Azqueta. Le han herido en un reconocimiento.
—Bueno. Vamos—dijo la superiora—. Que venga también el señor Benito el demandadero.
Martín no se opuso y esperó a que se preparasen para acompañarlas. Al salir los cuatro a tomar el coche y al verles Bautista desde lo alto del pescante, no pudo menos de hacer una mueca de asombro. El demandadero montó junto a él.
—Vamos—dijo Martín a Bautista.
El coche partió; la misma superiora bajó las cortinas y sacando un rosario comenzó a rezar. Recorrió el coche la calle Mayor, atravesó el puente del Azucarero, la calle de San Nicolás, y tomó por la carretera de Logroño.