—¿Quién lleva usted en el coche?
—Unas viejas.
—¿Volverá usted por aquí?
—En cuanto pueda.
—Pues, adiós.
—Adiós, hermosa. Oiga usted. Si le preguntan por donde hemos ido diga usted que nos hemos quedado aquí.
—Bueno, así lo haré.
El coche pasó por delante de Los Arcos. Al llegar cerca de Sansol, cuatro hombres se plantaron en el camino.
—¡Alto!—gritó uno de ellos que llevaba un farol.
Martín saltó del coche y desenvainó la espada.