—¿Y yo cómo voy a probar la verdad de mis palabras?
—¡Si pudiera usted identificar su persona! ¿No conoce usted aquí a nadie? ¿Algún comerciante?
—No.
—Es lástima.
—Sí, sí, conozco a una persona—dijo de pronto Martín—, conozco a la señora de Briones y a su hija.
—¿Y el capitán Briones, también lo conocerá usted?
—También.
—Pues lo voy a llamar; dentro de un momento estará aquí.
El general mandó un ayudante suyo, y media hora después estaba el capitán Briones, que reconoció a Martín. El general los dejó a todos libres.
Martín, Catalina y Bautista iban a marcharse juntos, a pesar de la oposición de la superiora, cuando el capitán Briones dijo: