—Soy Linda.
—¿Qué Linda?
—Linda, la que estuvo en Urbia cuando fué el domador, y murió tu madre.
¿No te acuerdas?
—¿Usted es Linda?
—¡Oh, no me hables de usted! Sí, yo soy Linda. He sabido como habías venido a Logroño y he mandado que te buscaran.
—¿De manera que tú eres aquella chiquilla que jugaba con el oso?
—La misma.
—¿Y me has conocido?
—Sí.
—Yo no te hubiera conocido.