—Puedo hacer una crónica admirable—dijo.

Luego hablaron de la guerra.

—¡Pobre país!—dijo el extranjero—. ¡Cuánta brutalidad! ¡Cuánto absurdo! ¿Se acuerda usted del pobre Haussonville que conocimos en Estella?

—Sí.

—Murió fusilado. ¿Y del Corneta de Lasala y de Praschcu que fueron de los que nos persiguieron cerca de Hernani?

—Sí.

—Esos dos habían salvado al cabecilla Monserrat de la muerte. ¿Sabe usted quién los ha fusilado?

—¿Pero los han fusilado?

—Sí, el mismo Monserrat, en Ormaiztegui.

—¡Pobre gente!