Cuatro mozos entraron en el portal y subieron por la escalera.
Luschía, mientras tanto, preguntó a Martín:
—¿Vosotros de dónde sois?
—De Zaro.
—¿Sois franceses?
—Sí—dijo Bautista.
Martín no quiso decir que él no lo era, sabiendo que el decir que era francés podía protegerle.
—Bueno, bueno—murmuró el jefe.
Los cuatro aldeanos de la partida que habían entrado en la casa trajeron a dos viejos.
—¡Atadlos!—dijo Luschía, el aldeano de la pipa.