—¡Vamos pues! dijo Rocambole después de algunos momentos de silencio, es necesario vencer o morir.

—Soy bastante fuerte, dijo Milon, pero no seré yo quien me encargue de empujar ese pequeño guijarro.

—Si se pudiera socavar..... observó Marmouset.

—¿Con qué? No tenemos las herramientas necesarias.

—Es verdad.

—Y además, es peña viva.....

—¡Ah! exclamó Vanda, ¡mi corazón me lo decía!..... estamos condenados a morir aquí.

—Es posible, dijo Rocambole.

Paulina se echó de nuevo en los brazos de Polito.

Pero este, al mismo tiempo que la estrechaba convulsivamente, le decía: