—Estáis en un error... ¡Ah! si pasarais solamente dos o tres horas encerrado con él!
—¿Creéis que me trasmitiría su temor?
—Estoy seguro.
—¿Os chanceáis?
—¡Toma! si queréis experimentarlo.....
—¡Eh!... ¡eh! no diré que no: ¡sería cosa curiosa!
—Pues bien, prosiguió sir Roberto Mitchels, para que veáis..... Voy a hacer por vos una cosa inaudita.
—¡Bah!
—Pero que, por otra parte, tengo el derecho de hacer.
—¿Qué es pues?