Aquel día me trajeron, como de costumbre, una comida suculenta y abundante.
El carcelero que me servía, y que no era de ordinario muy hablador, me dijo en esta ocasión con una guiñada significativa:
—Parece que Vuestra Señoría es excéntrico.
Excéntrico es un vocablo que encierra por si sólo en Inglaterra, el mayor elogio que se puede hacer de un Inglés de pura raza. Todo es permitido al que sabe merecer ese nombre.
—Un poco, le respondí.
—¿Vuestra Señoría tiene el capricho de dormir esta noche con el condenado a muerte?
—Sí, amigo mío.
—Sir Roberto Mitchels, nuestro digno gobernador, prosiguió el carcelero, me ha dado sus órdenes al efecto.
—¡Ah! muy bien!
—Y si Vuestra Señoría lo permite, voy a conducirlo adonde se halla el reo.