—Sir Roberto os espera, me dijo.
Y yo le seguí, después de despedirme afectuosamente de mi compañero.
—Pero, ¿y esa historia que os había contado, capitán? interrumpió Milon.
—La sabrás dentro de poco. Hablemos primero del gobernador.
Y Rocambole, después de un momento de silencio, continuó:
—Como te decía pues, me condujeron al gabinete de sir Roberto.
Yo estaba pálido y fatigado, como un hombre que ha pasado la noche en vela.
—¿Y bien? me dijo el gobernador muy alegre, ¿qué opináis ahora de la horca?..... ¿La miráis siempre con la misma indiferencia?
—¡Bah! respondí, no me inspira el menor temor.
—¿Es posible?