—Podéis creerme.
—Sin embargo, ya habéis visto lo que sufre el que está condenado a ella..... Conque, vamos, ¿estáis decidido a hablar?
—Todavía no.
Sir Roberto se mordió los labios, pero no se manifestó irritado.
—¡Oh! yo os convertiré, dijo, ya lo veréis.....
—¿Pretendéis acaso encerrarme de nuevo con el condenado a muerte?
—No; algo mejor que eso.
—¡Bah! ¿qué pensáis hacer?
—Os haré presenciar su suplicio.
Y como yo le mirase con admiración: