Inmediatamente, los dos puntos de luz desaparecieron como por encanto.
—¡Imbécil! dijo Rocambole riéndose.
—¿Eh? exclamó el coloso sintiendo disminuir algún tanto su opresión.
—¿Sabes lo que es?
—No.
—Es un gato.
—¡Seré yo bestia!... dijo Milon.
—Un gato, amigo mío, añadió Rocambole, a quien debemos un voto de gracias.
—¿Por qué?
—¿No comprendes que, puesto que ha penetrado aquí, es que hay una salida cualquiera?