—Ahora, dame la antorcha, gritó.

Milon lo hizo así, y llevó las dos manos para sostener mejor a Rocambole.

Este miró entonces hacia arriba y después a su frente, examinando bien aquel paraje, y vio delante de sí una nueva excavación que se prolongaba en el mismo sentido que la galería.

—Sostente bien, gritó de nuevo a Milon.

Y arrojó su antorcha en el agujero.

Luego, asiéndose a las salidas de la peña, dio un fuerte empuje con los pies sobre los hombros de Milon, a fin de tomar arranque, y se introdujo en la excavación superior.

La antorcha no se había apagado al caer y Rocambole se apresuró a recogerla.

—Espérame ahí un momento, dijo a Milon, voy a la descubierta.

Y se adelantó marchando con precaución y mirando atentamente a sus pies.

Un examen de algunos segundos, le bastó para saber dónde se hallaba.