—Continuemos avanzando, dijo Rocambole.
—Esperad, exclamó Milon.
—¿Qué es ello?
—Oigo un ruido sordo.....
Rocambole se detuvo y escuchó por algunos instantes.
—Sí, dijo, es el Támesis.
Y siguieron adelante, marchando siempre entre dos filas de toneles, hasta que empezaron a respirar un aire más vivo, lo que les hizo comprender que se acercaban a una salida.
El muro describía una ligera curva.
Dobláronla pues, y entonces Rocambole vio brillar de pronto a su frente una luz indecisa y blanquecina.
—Veo el cielo, dijo, o al menos la niebla.