—¿Habéis asistido a ella?

—Sin duda.

Y Rocambole se sentó en el borde de la ventana, donde Milon vino también a apoyarse echándose en ella de codos.

En tanto, las aguas del Támesis, rechazadas por la marea, empezaban a subir lentamente.....


X

—El excelente, cándido y confiado sir Roberto Mitchels, prosiguió Rocambole, no perdía sin embargo la esperanza de arrancarme una confesión completa.

Así redoblaba conmigo sus obsequios, y no perdía ocasión de mostrarme su extremada amabilidad.

Todos los días me permitían ver al condenado a muerte, y me dejaban entera libertad para hablarle y prodigarle mis consuelos.

Pero todos los días también, me repetía sir Roberto invariablemente: