—Esperad, añadió Rocambole. Uno y otro habéis manejado comúnmente en vuestra vida las armas de fuego, ¿no es verdad?

—¡Pardiez! exclamó Marmouset.

—Pues bien, seguid con atención mi razonamiento. Supongamos dos cosas: la primera, que esta parte de la galería está muy cerca del Támesis.

—Eso es seguro, dijo Milon.

—Supongamos además que siendo como es de granito y siguiendo en línea recta, es como el cañon de un fusil.

—Bien, repuso Marmouset.

—Y que ese enorme peñon que tenemos delante y que nos cierra el camino, es un proyectil.

—¡Bah! empiezo a no comprender! dijo Milon.

—Dado pues el cañon y el proyectil, prosiguió Rocambole, no perdamos de vista que poseemos pólvora.

—¡Ah! ¿Queréis hacer saltar el peñon?