—No, pero quiero lanzarlo hacia adelante.

—¡Ah!

—Y empujarlo hasta el fin de la galería, de donde caerá al Támesis.

—Eso me parece difícil, repuso Marmouset.

—¿Por qué?

—Porque la pólvora, no encontrando cerrado el tubo por esta parte, no tendrá punto de apoyo, y todo lo que conseguiremos con una nueva explosión será ocasionar otro hundimiento que nos entierre vivos esta vez.

—Marmouset tiene razón, dijo Vanda.

—No tiene razón, dijo fríamente Rocambole, pues no hay inconveniente cuando se sabe obviarlo.

Todos le miraron con ansiedad.

Pero él, siempre tranquilo e impasible, continuó fríamente dirigiéndose a Marmouset: