—¡Ah!

—Y que os trasladéis al piso bajo.

—Sea como queráis.

—Y hasta es posible.....

Aquí sir Roberto pareció vacilar, y me miró con aire indeciso.

—Acabad, le dije.

—Y hasta... si queréis pasar la noche con él...

—¡Oh! no tengo inconveniente.

—Estoy convencido de que vuestra conversión no resistirá a esta última prueba.

—¡Ah! sí, ya me lo dijisteis la otra vez: ¡la vista del triste espectáculo!!...