—Eso en primer lugar. Pero presenciar además las crueles angustias de un desgraciado a quien solo quedan algunas horas de vida.....

—Es terrible en efecto, le contesté con frialdad.

—¡Oh! estoy seguro, dijo sir Roberto sonriéndose siempre, que eso os inspirará un terror saludable.

—Ya veremos.

—Y que sabréis atraeros la benevolencia de vuestros jueces, haciendo una revelación franca, bien completa...

Yo no le respondí, y mi buen hombre prosiguió:

—Por lo demás, no estaréis solo con el reo.

—¿De veras?

—Dos Hermanas de la agonía pasarán allí la noche rezando. Ya veréis como es lúgubre.

—Pero los reglamentos, observé al gobernador, ¿no se oponen a que yo asista?....