—Al contrario, me respondió.
—¡Bah!
—La ley permite que el reo pase su última noche con un pariente, un amigo y, hasta si lo solicita, con un preso de la misma cárcel.
—¡Ah! bien: entonces yo seré ese preso.
—Esperad, prosiguió sir Roberto, hay todavía una particularidad que ignoráis de seguro, y que voy a haceros saber.
—Veamos.
—El cuerpo del ajusticiado pertenece a Calcraft, el cual lo vende ordinariamente a los cirujanos.
—Ya lo sé.
—Su ropa y lo poco que tiene en la cárcel, pertenece también al verdugo.
—Bien.