—Pero la cuerda, por prescripción formal de la ley, es propiedad del ajusticiado.

—¿Es posible?

—Tal como os lo digo: y tiene el derecho de legarla a quien mejor le parezca.

—¿La cuerda del ahorcado es pues un talismán que protege a su posesor?

—Así lo dicen.

—De modo que si el reo me legase su cuerda, tendría yo probabilidades de no ser ahorcado a mi vez.......

—Sobre todo, dijo sir Roberto, si hacéis cuantas revelaciones os exijan.

Yo me eché a reír.

—No creo mucho en las virtudes de la cuerda de ahorcado, prosiguió sir Roberto, pero, en fin, si el reo os la deja en herencia, no veo en ello ningún inconveniente: y aun cuidaré de que os la remitan en tiempo oportuno.

—Sois el más amable de todos los gobernadores posibles, le respondí.