—Y verá al jefe fenian que le acompañaba, lo pondrá al corriente de la situación y le suplicará que venga en seguida a ponernos en contacto con master Farlane.
—Voy corriendo, dijo Shoking.
—Bien, repuso Marmouset, nosotros esperamos aquí.
Shoking no aguardó más y partió como una flecha.
Vanda y Marmouset permanecieron en la calle inmóviles y con los ojos fijos en aquella casa donde no se veía luz ni el menor movimiento, pero cuya puerta se abriría de seguro al presentarse el jefe fenian.
No tuvieron que esperar mucho tiempo.
Shoking tenía buenas piernas, y en esta ocasión supo servirse de ellas con fruto.
Un cuarto de hora después estaba de vuelta, y venía, como Marmouset lo había pedido, en compañía del jefe fenian.
Shoking lo había puesto perfectamente al corriente, pues ambos venían cargados con los herramientas necesarias para cavar la tierra y, aun si era necesario, para abrir una trinchera en la roca.
El jefe fenian saludó a Vanda y Marmouset.