La galería descendía insensiblemente describiendo una línea curva; pero a cierta distancia se prolongaba en sentido recto, lo que permitía que la vista pudiese penetrar hasta el fondo de aquella cueva.
Así Marmouset, apenas hubo andado algunos pasos, descubrió a lo lejos una claridad blanquecina que parecía indicar una salida. Avanzó algunos pasos más, y reconoció entonces que lo que veía eran los primeros albores de la mañana, y que aquella cueva iba a salir al Támesis.
El río había llegado a su mayor altura, y la marea que venía del largo lo rechazaba hacia los puentes de Londres.
—Es lo mismo que yo creía, pensó Marmouset.
Y volvió por donde había venido.
Vanda, los dos fenians y Shoking habían permanecido junto a la puerta.
Pero aquella puerta daba al centro de la galería, y esta se prolongaba también hacia el norte.
—Por aquí, dijo Marmouset.
Y adelantándose a todos, llegó a un sitio donde el suelo se había desplomado.
—Estaba seguro, dijo Farlane, ved lo que ha hecho la explosión.